Que el deporte argentino sea ejemplo de igualdad e inclusión.

Se aproxima fin de año y con ello la entrega de los Premios Olimpia a los deportistas más destacados de Argentina. En tiempos del lenguaje inclusivo, del pedido de igualdad de derechos y oportunidades, donde abundan los rechazos a la discriminación; sería muy bueno que el deporte argentino dé el ejemplo, demostrando señales favorables a los cambios que la sociedad está desarrollando con respecto a la inclusión de las personas con discapacidad.

Gustavo Fernández finalizará el 2019 como el mejor jugador de tenis en sillas de rueda del mundo y entre muchos otros logros, también con el hito histórico de haber ganado 3 Grand Slam consecutivos, Australian Open, Roland Garros y Wimbledon; además de haber sido semifinalista en US Open.

Sin embargo, como sucede desde el 2010, año en el que fue ternado a los Premios Olimpia por primera vez, es muy posible que una vez más integre la terna de los Paralímpicos viendo disminuidas sus posibilidades de ganar el Olimpia de Oro.

Si el objetivo del Círculo de Periodistas Deportivos de Buenos Aires es premiar a los mejores deportistas del año, definitivamente Gustavo Fernández debería tener la misma posibilidad de competir por el máximo galardón. Dejar de lado la gran diferencia de valoración entre deportistas convencionales y adaptados, sería un acto de justicia, de igualdad de oportunidades y de no discriminación.

A los entrenadores se nos enseña  ver y evaluar a todos los deportistas como una “unidad técnica, táctica, física y mental”. Gustavo es un claro ejemplo de que en dicho concepto está en igualdad de condiciones a cualquier deportista  convencional. Técnicamente es un deportista muy completo y tiene uno de los mejores revés a una mano del mundo, solo que lo pega desde una silla de ruedas. Ha desarrollado un físico privilegiado y conceptos tácticos que le permitieron alcanzar en su disciplina la elite deportiva.  Viajando y conviviendo como entrenador durante 5 años en su etapa formativa, lo he visto superar dificultades y situaciones que para muchos serían muy decepcionantes, pero nunca lo escuché quejarse de su condición de discapacitado.

Si en la actualidad la regla es respetar como se perciben las personas, les digo que Gustavo  siempre se sintió una persona normal, no un discapacitado físico, un deportista común, no un deportista adaptado.

 En definitiva, Gustavo Fernández es un deportista especial, no porque está imposibilitado de caminar y juega al tenis en sillas de rueda. Es especial porque su afán de superación, su fortaleza mental, su dedicación y perseverancia, le permiten alcanzar altos niveles de rendimiento que lo convierten en un ejemplo para el deporte argentino.

¿Qué más debería lograr o hacer Gustavo Fernandez, para tener la misma oportunidad de todos los deportistas y ser candidato al Olimpia de Oro ?.   

 

    

       

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